Seguramente sería muy diferente al que tenemos hoy en día. Principalmente por el impacto que ejercen los libros en la educación. Son fundamentales para aprender y para formarse, para enseñar materias…
Las historias, creencias y valores, se han transmitido durante generaciones a través de los libros. Si no existieran los libros, se perdería una gran parte de nuestra riqueza cultural, sería complicado transmitir lecciones morales y no se dispondría de un medio ilimitado de entretenimiento y ocio.
Los libros fomentan la imaginación y el pensamiento crítico. Nos hacen reflexionar, realizar análisis profundos y estudiarnos a nosotros mismos. La creatividad radica en nuestro interior y se comparte y exterioriza a través de los libros. Muchas de las películas más exitosas e inolvidables han nacido de un libro.
No puedo imaginar un mundo sin libros. No obstante, hay que admitir que los libros ya no se utilizan como antes. Las nuevas tecnologías nos han proporcionado otros medios más modernos que facilitan el acceso a todo tipo de información y conocimiento. Tecnología que, a su vez, también nos hace más dependientes a su uso y ser perezosos. Por ejemplo, antes éramos capaces de hacer cálculos matemáticos mentales. Ahora, con solo presionar unas teclas, obtenemos el resultado (Y, podría poner muchos ejemplos más que nos hacen la vida “más fácil”).
Además, el estímulo visual y táctil de un libro, nunca será igual que leer en una pantalla, donde nuestro cerebro y vista sufren la constante luz de fondo y el parpadeo de la pantalla.
Los libros impresos son fáciles de leer, sin suponer un mayor esfuerzo. El cerebro reconoce las señales físicas y espaciales mediante el grosor, el tipo de letra y la forma del libro, orientándose perfectamente para su lectura, mientras que, en la pantalla, estas señales son limitadas, pudiendo afectar a la manera en la que recordamos y procesamos lo que hemos leído.
Sinceramente, no me siento igual cuando leo un libro físico que cuando lo hago en una pantalla. Del mismo modo que no me concentro igual escribiendo a mano que tecleando en un ordenador. Pensaba que solo me sucedía a mí, pero al parecer, existen estudios que sugieren que leer en las pantallas podría fomentar la lectura superficial o de escaneo, mientras que hacerlo en un libro físico, consigue una lectura profunda y reflexiva. Posiblemente esta sea la razón por la que se aprende mejor de un libro impreso que de lo leído en una pantalla. Sin lugar a dudas, afecta a nuestra capacidad cognitiva. Por eso, cuando leo un libro, me adentro en su lectura como posiblemente les suceda a otras muchas personas.
Disfruto con el tacto de un libro y con su aroma. Sí, porque los libros huelen. Y, ¿a qué huelen? ¿Te lo preguntas? Es algo que tienes que percibir y sentir para disfrutarlo. Entra en una librería y déjate envolver por ellos.
Personalmente, entrar en una librería me resulta placentero. No solo porque soy escritora y porque me fascinan los libros, sino porque rodearme de ellos me aporta una sensación de bienestar y de felicidad.
¡Cuántas historias de amor, de aventura, de ficción y fantasía…!
Definitivamente, no quiero una sociedad sin libros. Porque un mundo sin libros, ya no sería el que tenemos hoy en día.
Creo que, por estas razones, y por muchas más, los libros merecen que hoy, 23 de abril, celebremos su día. No dejemos que caigan en desuso.
Anímate a fomentar su lectura. Regala un libro, reserva un momento de tu estresante día para relajarte y dejar volar tu imaginación mediante la lectura de algún libro de tu gusto, aprovecha para leer un libro con alguien de tu entorno a quien quieras…
¿Alguna vez has probado leer un libro en voz alta para alguien?
Seguro que encontrarás algún tipo de actividad especial que puedas hacer hoy.
Hoy es el Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor y tú también formas parte de él.
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