Juan Pedro Valencia, nació en Madrid un día de agosto de 1937, en plena guerra civil española. No solo tuvo que vivir la experiencia de una guerra, sino que tuvo la desgracia de no llegar a conocer a su padre, pues falleció de muerte súbita durante el embarazo de su madre. Afortunadamente, gracias al sacrificio y trabajo de sus hermanos y de su madre, así como a la ayuda prestada por sus familiares, lograron sobrellevar los malos tiempos como pudieron.

De su infancia, me contó que siempre estuvo rodeado
de primos y familiares, de los que aprendió y con los que llegó a establecer buenos vínculos. Más tarde, cuando se marchó en busca de una carrera como artista, el paso de los años y la distancia, disipó esos lazos.
Se había convertido en un joven apuesto, con un gran talento, a quien le costó mucho sacrificio y trabajo poder llegar a cumplir sus sueños. Su gran voz, le abrió muchas puertas, hasta lograr actuar en numerosas salas de fiestas de la capital. Madrid le había recibido con los brazos abiertos en lo que parecía sería una carrera hacia lo más alto.

 

 

Pensaba que lo tenía todo planificado y controlado, sin embargo, cuando su vida se cruzó con la de una joven extremadamente atractiva y que cantaba como los ángeles, olvidó todo lo que había deseado y cayó rendido a sus pies.

Totalmente enamorado de la que se convertiría en su esposa, Ana María del Rincón Villanueva, emprendieron una vida juntos, completamente diferente a la que ambos habían tenido en mente antes de conocerse.

Y, cuando su cuñada, Teresa del Rincón, les invitó a visitarles, nunca pensó que ese viaje cambiaría sus vidas para siempre y que Bélgica sería el país en el que nacería su hija pequeña.

Tenía su propia orquesta “Los Conquistadores”, componía, tocaba el piano, y nada más escucharle cantar, le animó a no dejar de lado lo que tanto le llenaba.

 

Mi padre puso voz a la orquesta y escribió sus propias canciones. La tía y el tío le ayudaban en ocasiones, componiendo y escribiendo también. Mi madre, tocaba las castañuelas o bailaba cuando actuaban… Todos juntos, además de otros miembros de la orquesta, formaban un gran equipo, en armonía y feliz. Encontraron trabajo y establecieron su residencia en el país. Y sí, allí nací yo.

Un buen día, una persona muy influyente, le escuchó cantar. Era un hombre bastante conocido en la ciudad, especialmente en la comunidad de residentes española. Nada más presenciar su actuación, supo que tenía algo muy especial en su voz y en sus canciones. Le encantaba escucharle y no quiso dejar pasar la oportunidad de apoyarle en su carrera. Patrocinó los discos de las canciones que cantaba, con el fin de que pudiera dar un paso más en su camino hacia la fama. Sabía que podía conseguirlo. A cambio, solo pidió recibir algunos ejemplares firmados por él. Con el tiempo, ambos se hicieron muy buenos amigos, así como sus respectivas esposas, compartiendo cenas y comidas…

Entre los discos que editó, se encuentran los
siguientes singles:

“Déjame/Laisse-Moi”

“Mamá”

“Los últimos 7 días”

“Te pido perdón”

Carátula disco de Juan Pedro Valencia.

Curiosamente, cuando trabajaba en la creación de esta página web me encontré con unos vídeos en Youtube que reproducían algunas de sus canciones. Desgraciadamente, la calidad de  audio pierde mucho al intentar escucharse en un reproductor como es Youtube, teniendo en cuenta que procede de un vinilo de hace muchos años… Yo también dispongo de estos discos. Intentaré encontrar alguien que pueda pasarlos a DVD o a MP3, en cuyo caso, lo publicaré para que podáis disfrutar de sus canciones y de su excepcional voz. Pero, mientras tanto, aunque con menor calidad de sonido, os invito a escucharle gracias a lo que un aficionado suyo publicó en YouTube:

Canción: Déjame (laisse-moi)

Canción: Te pido perdón

Posiblemente el día en el que le ofrecieron un trabajo estable para el Ministerio de Asuntos Exteriores, muy bien remunerado, sin querer favoreció un nuevo giro en su vida y en la de todos nosotros.  Contando con este trabajo, mi padre cambió radicalmente de costumbres y pronto dejó de actuar en la orquesta, por lo que mi tío tuvo que buscar un sustituto. También dejó de lado su carrera en solitario…

El mundo perdió la oportunidad de disfrutar de ese don que tenía, con esa voz tan potente y dulce, cuando cerró esa puerta para siempre y se concentró en su familia y en su nuevo trabajo.

Desde aquellos años, en los que yo era muy pequeña, nunca más volví a escucharle cantar, salvo en alguno de los discos que – eso sí – guardaba con mucho celo. Solamente una vez en mi vida, me sorprendió gratamente con su voz. Fue al cantar en mi boda. Bueno, nos sorprendió a todos, a mí y a todos los presentes, puesto que a pesar de los años transcurridos y de la falta de costumbre, todavía demostró que contaba con una gran voz. A mi marido y a mí nos emocionó mucho este regalo tan especial que nos hizo y que no olvidaremos nunca.

Un infarto casi nos lo quitó en el mismo día que celebraba su cumpleaños. Sin embargo, estaba claro que ese no era su momento. Aún le quedaban años por vivir y disfrutar del cariño de quienes más le querían.

Años más tarde, mi madre dejó de ser la que era.
Apenas se movía y él decidió dedicarse a su cuidado. Algo delicado de salud, y
olvidando por completo cuidar de sí mismo, le mimó abnegadamente ofreciéndole
toda su dedicación y atención.

El 27 de mayo de 2019, mi mundo familiar se truncó definitivamente. Debido a una enfermedad grave, que sufrió en el más absoluto silencio, y que demasiado tarde pudimos descubrir, Juan Pedro Valencia Bouvier, mi padre, falleció. Tenía 83 años.

Aunque no compartía su opinión al respecto, mi madre y hermana no quisieron avisar a los que habían sido sus amigos, por lo que le despedimos en la más estricta intimidad familiar.

Juan Pedro Valencia Bouvier se marchó dejando con vida a sus dos hijas y su mujer, que nunca supieron cuánto les había unido, hasta que faltó.

“Te marchaste, pero nunca dejarás de estar conmigo.
Te quiero, papá”.