“Mamá”: probablemente fue la primera palabra que hayas pronunciado en tu vida. Con el tiempo, es posible que congeniaras más o menos con ella, pero seguramente al convertirte en una mujer adulta o en un hombre adulto, en algún momento de tu vida, habrás comprendido sus palabras, sus consejos y su preocupación por ti.
Una madre, por lo general, se desvive por sus hijos/as y es capaz de dar la vida por ellos. Existe un nexo de unión tan fuerte que incluso puede percibir a distancia si estás mal. Su abnegación y sacrificio van más allá de lo esperado. Todo por tu bienestar, por tu felicidad.
Los momentos a su lado, no se borrarán nunca de tu mente porque lo vivido entre ambas partes se graba, tanto en el corazón como en el alma y, aunque ya no esté contigo físicamente, siempre te acompañará en sentimiento.
Hoy, en el día de las madres, quiero rendir homenaje a todas las madres del mundo. Las que están y las que ya no están. Porque todas merecen nuestro reconocimiento.
Si tienes la suerte de contar con ella, aprovecha la ocasión para regalarle unas flores o simplemente para darle un beso o un abrazo. Un “te quiero, mamá”, puede ser su mejor obsequio.
Si ya no está contigo, recuérdale con dulzura en los mejores momentos vividos. Verás cómo renace esa llama tan maravillosa del amor verdadero que os profesabais. Sonríe al recordar y al sentirla, como si estuviera a tu lado. Porque, mientras siga en tu corazón, siempre estará contigo.
Va por ti, mamá. Te quiero.
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